En los días anteriores al acontecimiento tuvo al mundo entero preguntándose si aparecería. Un avión tras otro estuvieron esperándole en la pista, mientras él dormía la siesta, paseaba y comía bocadillos.
Poco después de su llegada, ofendió a los islandeses. Dijo que su país estaba atrasado porque no había boleras. Se quejó de las cámaras de televisión, de la iluminación, de la mesa, de las sillas y del contraste de los cuadros del tablero. También dijo que la habitación del hotel no tenía buenas vistas.
Nada de eso guardaba relación con el ajedrez; o puede que sí.
Si ganaba, sería el primer campeón mundial americano de la historia. Si perdía, sería un mediocre más de Brooklyn.
Regresó convertido en un héroe americano. Presumió ante todo el mundo de que derrotaría al ruso, y así lo hizo.

He aquí un video del acontecimiento: