moscow19251 Campeonatos mundiales del pasado IV

Como ya hemos visto en anteriores artículos, Capablanca terminó el primero en el torneo de Londres 1922 y segundo en el de Nueva York 1924, detrás de Lasker. En este post veremos cómo quedó tercero en Moscú, detrás de Bogoljubow y Lasker:

En el año 1925, entre el 10 de noviembre y el ocho de diciembre, se realizó en Moscú el primer gran torneo internacional soviético; el primer torneo importante que se celebraba después del triunfo de la revolución de octubre. Estaba recién instalado Stalin en el poder. Por el mundo occidental, fueron invitados Capablanca, Lasker, Marshall, Tartakower, Reti, Grünfeld, Rubinstein, Spielmann, Yates, Saemisch y el mejicano Carlos Torre. Éste último fue una figura meteórica, que tuvo que retirarse muy joven del ajedrez por motivos de salud. Pero en este torneo de Moscú dejó ver toda su fuerza, metiendo nada menos que a Lasker en un molino, entablando con Capablanca y ocupando el quinto lugar.

Fuera de los occidentales, fueron invitados los 10 mejores ajedrecistas soviéticos del momento. El único ausente importante fue Alekhine, que había tenido que salir casi a escondidas de Rusia en el año 23; y podemos asegurar que nunca más volvió su patria.

Para tener una idea del tiempo que implicaba un desplazamiento desde La Habana hasta Moscú, basta decir que Capablanca salió a comienzos de octubre para llegar en los primeros días de noviembre. A su paso por el puerto de El Havre se le unió el joven Carlos Torre. En Moscú, los ajedrecistas extranjeros fueron alojados en uno de los antiguos palacios de los zares, con más consideraciones que a jefes de Estado. En la ceremonia inaugural, en la sala azul de la Casa de los Sindicatos fueron recibidos por un alto dignatario del gobierno. Y en representación de los jugadores habló Capablanca. Era tanta la exaltación que reinaba por aquellos días, que hasta película se filmó.  Hoy todavía podemos ver por Youtube fragmentos de aquel papelón algo tonto que representó Capablanca, el protagonista de la película “Fiebre de ajedrez”.

Pero en la sala de ajedrez las cosas no marchaban tan bien para él. Ya en las primeras tres rondas tuvo que conformarse con tres tablas. Le gana la partida siguiente al inglés Yates. Entabla la quinta con Rubinstein, una deslucida partida, donde ninguno de los dos arriesga nada. En la sexta ronda entabla también con Rabinovich. La filmación de la película le demanda mucho tiempo. Además, parece que el campeón, que es algo enamoradizo, da largos paseos con una de las actrices del reparto.

En otras rondas pierde contra Ilijn Genevsky y contra Verlinski, ambos nuevos maestros soviéticos, que seguramente subestimó.

Panov transcribe las primeras jugadas de la partida, donde en jugada 14 ya estaba perdido Capablanca. Veámosla: (Verlinski juega con negras)

1. P4D, P4D; 2. P3R, C3AR; 3. A3D, P4A; 4. P3AD, C3A; 5. P x P, P4TD; 6. C2D, P4R; 7. A5C, A x P; 8. CR3A, D2A; 9. D4T, O-O; 10. A x C? , P x A; 11. P3CD, A3T; 12. A2C, P5D! ; 13. P4A, TR1C; 14. P x P… etc.

Se cuenta que la víspera de esta partida Capablanca tenía descanso y viajó en tren toda la noche hasta San Petersburgo, en esa época Leningrado, a dar unas simultáneas contra los 30 mejores jugadores de la ciudad. Perdió una de sus partidas contra un niño de 14 años, un tal Mijail Botvinnik. Por la noche viajó en tren nuevamente a Moscú, amanecido y agotado, a enfrentar a Verlinski.

Gana la siguiente partida contra Reti. Cuando le toca el turno con Carlos Torre, éste está ocupando el primer puesto. Ambos juegan a ganar. Torre tiene una posición ventajosa, pero Capablanca le lleva dos peones de ventaja. Pero después de una lucha ardua y larga deciden partir el punto.

A partir de este momento, algo tarde, se olvida de la película y de su compañera de elenco y se dedica a jugar en serio, ganando puntos muy valiosos contra Bogoljubow, Tartakower, Saemisch, Zubarev y otros. Pero este esfuerzo no le alcanza sino para un tercer puesto.

Cuenta Jorge Daubar, un cubano que escribió una buena y detallada biografía de Capablanca, en la que me he apoyado para escribir estas líneas, que después de la ceremonia de clausura Capablanca fue conducido hasta el despacho del propio Stalin, que quería conocerlo en persona. Se tomaron un té y conversaron algún momento sobre la guerra civil rusa.

Quién sabe qué tendría que decir Capablanca sobre este tema, habiendo sido huésped de honor de los zares en los torneos de San Petersburgo 1913 y 1914.

En las crónicas que escribió después sobre el torneo de Moscú, resalta el gran apoyo que se le da al ajedrez en la Unión Soviética, que lo ha convertido en un deporte masivo, y le augura un gran porvenir.

Alekine, que no le perdía paso a Capablanca, escribió después sobre este torneo:

“El año 1925 trajo para Capablanca la mayor desilusión que había sentido hasta ese momento, puesto que en el torneo internacional de Moscú ocupó a duras penas el tercer lugar… Ya entonces se escucharon voces que comentaban los alarmantes síntomas aparecidos en el juego del campeón del mundo. Uno podría pensar que la maestría de Capablanca no había llegado a lo que prometía tomando como base el período inicial de su carrera. La explicación reside en la preferencia de Capablanca, que se acentuaba con los años, por las simplificaciones y métodos de lucha simplemente técnicos, que matan el espíritu vivo que con tanto resplandor se había manifestado en las partidas del cubano en los torneos de San Sebastián de 1911 y San Petersburgo de 1914”.

Y agrega Vassily Panov, en su libro sobre Capablanca.

“La irregularidad de Capablanca despertó perplejidad general en los entendidos. Sí podía jugar como antes en su estilo brillante, pero daba la impresión de que no podía desenvolverse en los comienzos de la lucha”.

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