jugadores de carlsbad 1929 Capablanca, ex campeón

Carlsbad, 1929

En apariencia, Capablanca tomó la pérdida del match con serenidad. Su idea en ese momento era mantener buenas relaciones con el nuevo campeón y tratar de reorganizar el desquite. Aunque, hay que decirlo, su conducta en este sentido había sido muy criticada, antes del encuentro; inclusive por el mismo Alekhine. Recordemos que Capablanca había subido de ocho a diez mil dólares el dinero que debía pagarle el retador al campeón, en el llamado reglamento de Londres.

Pero la pérdida del match sí lo afectó bastante.

Se queda dos semanas más en Buenos Aires, tratando de analizar sus errores y huyéndole a la prensa que lo acosa continuamente. Regresa en barco y hace escala en el Brasil, donde nuevamente da simultáneas. Cabizbajo y pensativo, arriba a La Habana el 18 de diciembre. Una comitiva silenciosa lo está esperando. Es de suponer que ninguno sabe cómo comportarse ni qué decirle. La única que sí sabe es su esposa, que a través de la prensa se ha informado de las aventuras de su inquieto marido con la bella y cariñosa Gloria Guzmán, estrella del cine argentino, a la que hay que anotarle por lo menos dos puntos: la primera y la segunda partida.

Se cuenta que pasó ocho meses encerrado en casa de La Habana, saliendo poco y pensando mucho, y tratando de reorganizar su maltrecho matrimonio.

En unas declaraciones para el New York Times dice que en el match desperdició tantas oportunidades que hubiera podido ganar no uno sino dos matches; que Alekhine había estado de suerte y él no; que Alekhine había jugado bien los finales pero mal los medio-juegos. Y terminó con unas palabras extrañas: “en los últimos tiempos perdí gran parte de mi amor por el ajedrez, puesto que estoy seguro de que éste llegará pronto a su fin”. Ese fin, por fortuna no ha llegado todavía. Por el contrario, como ya lo han dicho otros, el ajedrez no envejece.

Después propuso modificar el reglamento de Londres, redactado por él, para que las partidas ganadas no fueran seis sino menos y que el número de partidas máximo fuera de 16. Esto no hizo más que fastidiar a Alekhine, que con toda razón dijo que el match de desquite se jugaría en las mismas condiciones que el de Buenos Aires.

En agosto del año 28 sale para Alemania, donde le han invitado a jugar el torneo de Bad Kissigen. Entre los jugadores más renombrados están Euwe, Bogoljubow, Rubinstein, Nimzowish, Reti, Marshall, Tartakower, Spielmann, Yates, Mieses y Tarrasch; 12 en total. Capablanca ocupa el segundo lugar, después de Bogoljubow. Pierde una partida con Spielmann, gana 4, una de ellas a Bogoljubow, y entabla 6.

En vista de su triunfo, Bogoljubow se apresura a retar a Alekhine y éste con mayor rapidez aún acepta el reto, posponiendo los anhelos de Capablanca de un pronto desquite.

En esa misma gira juega y gana un pequeño torneo en Buda-Pest y luego gana también el torneo internacional de Berlín.

El año 1929 mejora sus resultados. En la primavera ocupa el primer puesto en un torneo pequeño de Ramsgate. Y en agosto se presenta al torneo de Carlsbad, torneo que reunió a la flor y la nata del ajedrez de la época, exceptuando a Alekhine y Lasker.

Con 22 participantes, éste es el primer torneo importante de la historia en el que participa una mujer, Vera Menchik. Aunque ocupó el último lugar, les ganó a Becker y a Saemisch. De origen ruso pero nacionalizada inglesa, la señora Menchik se propuso participar solamente en torneos para hombres, ocasionándoles a éstos no pocas preocupaciones. El jugador austríaco Becker propuso burlonamente crear el Club Masculino Menchik, con los que perdieran con ella. Pero con el tiempo este club tuvo muchos socios importantes, entre ellos el propio Becker, además de Euwe, Jacques Mieses, Lajos Steiner, Frederick Yates, Edgar Colle, Fritz Säemisch y George Thomas.

Capablanca comienza cediendo 5 tablas. Con Saemisch pierde pieza en la jugada 10 y un poco más adelante la partida. La segunda derrota se la da Spielmann. Le han perdido el respeto que le tenían antes. En sus partidas con Rubinstein, Euwe y Thomas está perdido, pero se salva de milagro gracias a los errores de los otros. Ocupa el segundo-tercer puesto con Spielmann, después de Nimzowish, con el que entabla su encuentro.

Cuenta Panov, que en el torneo de Carlsbad Alekhine no jugó, pero asistió como invitado especial; inclusive se le permitió franquear la barrera que alejaba al público y mirar de cerca el desarrollo de las partidas. Cuando se acercó a la mesa donde jugaba Capablanca, éste les envió dos notas escritas a los jueces, pidiendo que sacaran a Alekhine de la sala. ¡Nada menos que al campeón mundial! Una niñería a la que no le prestaron atención. Para esos días ya las relaciones entre ellos estaban terminadas. A su vez, en enero del año siguiente, en el torneo de San Remo, Alekhine aceptó participar cobrando previamente un fijo de 20.000 liras, suma que ascendería a 40.000, en caso que Capablanca fuera invitado. Y después puso trabas en otros torneos para excluir a Nimzowish y Spielmann.

En Carlsbad, como en torneos anteriores, Capablanca tuvo muchos altibajos. Pero quedó claro que era el más opcionado para retar a Alekhine. En este torneo Bogoljubow ocupó el octavo lugar. Y Alekhine que venía elogiándolo por la prensa no tuvo más remedio que callar. Pero, como lo hemos dicho, ya estaba pactado el encuentro entre ellos. El match se realizó en septiembre del año 29, y lo ganó sin muchas dificultades Alekhine. Pactado a 30, quedó definido en la partida 26, después de 8 ganadas por Alekhine, 3 perdidas y 15 tablas.

Debe haber incómodo para nuestro hombre haber vivido con esa espina por dentro. Pensar que había sido destronado a causa de su mala suerte y no tener la oportunidad de demostrarlo. Pero a todo se tiene que acostumbrar la criatura humana…

El año 29 lo terminó ganando un torneo de segundo orden en Barcelona y terminó invicto en el torneo de navidad de Hastings. Pero al año siguiente, también en Hastings quedó de segundo, después de Euwe, al perder frente al jugador indio Sultan Khan.

“Mientras tanto Alekhine –dice Panov-, que tomó parte en el torneo de San Remo de 1930, notable por la calidad de sus participantes, deslumbró por su brillante juego, y conquistó el primer puesto con 3 ½ puntos de ventaja sobre Nimzowish, que fue el segundo. En el siguiente torneo, el de Bled en 1931, Alekhine superó al segundo, que resultó Bogoljubow, ¡por cinco puntos y medio! Era obvio que Alekhine se encontraba en su apogeo, y que Capablanca, que con toda evidencia había aflojado como deportista, difícilmente podía contar con la recuperación del título de campeón del mundo, aunque en Holanda (año 1931) le había ganado a Euwe un match con el resultado de +2 -0 =8.”

Alekhine estaba en el esplendor de sus fuerzas, mientras que Capablanca iba en descenso. Es difícil saber qué hubiera pasado de haberse concretado el match… Lo que quedó claro es que Alekhine no estaba interesado en darle la revancha.

En la entrega próxima veremos los últimos años de Capablanca, cuya salud iba desmejorando penosamente con los años.

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Match Capablanca - Euwe