El escaque literario
Ya empieza en leve cadencia
el ritmo apremiante del reloj
y se sumergen las inteligencias
en la fría guerra de las treinta y dos
Mas, ¿Puede haber guerra donde no hay sudor
puede haber combate sin flechas ni espadas
si el músculo apenas le da un empujón
a las figurillas de líneas torneadas?
No, no hay muerte ni gritos sólo la estridencia
de los mudos choques de la comprensión
que fieles se guían por la diferencia
una orilla blanca, la otra de color
Hay en cada esquina firmes construcciones
torres de granito, casas de arsenales
que avanzan por rieles en las direcciones
de los cuatro abiertos puntos cardinales
Con agudo avance rasgan los alfiles
sus lineas marciales, por la diagonal
y en saltos mortales de históricas lides
las formas equinas resuelven su andar
Y la bella dama, la más poderosa
que ostenta la fuerza y la autoridad
como alfil o torre puede hacer las cosas
distinguida reina, pura calidad
¿Cómo en el pequeño valle persistente
donde se abandona cada jugador
puede tanto ingenio hacerse presente
mediante caminos de mínima acción?
¿Cómo en ese espacio reducto y cerrado
donde se enanizan las formas de Dios
puede haber un vasto mundo desplegado
de posible avance, de combinación?
Y en la estratagema de bélica opción
se ampara tu engaño, azar disfrazado
en la falsa idea de la selección
cuando el hombre elige frente a su adversario
Pero finalmente ¿Quién mueve las piezas?
¿Quienes determinan este resultado?
¿Son los caballeros de humana cabeza?
¿O es que todos somos peones jugados?
En este post ha colaborado Daniel Alberto Stack, el cual nos mandó un e-mail, ya que había visto el artículo de Colaboración.
















































