Los finales de alfiles y caballos nos ayudan a manejar con soltura estas piezas y deben por ello estudiarse cuidadosamente.

En posiciones con igualdad de peones en ambos flancos, si no hay razones concretas que determinen lo contrario, es preferible el alfil al caballo, debido a la rapidez de movimiento del alfil, capaz de recorrer grandes distancias en pocas jugadas. El caballo, en cambio necesita más tiempos para alcanzar su objetivo. Dos alfiles suelen representar una ventaja muy grande con respecto a dos caballos. Por su parte, los caballos acostumbran a ser más valiosos en posiciones bloqueadas.

finales de piezas menores 298x300 Los finales de piezas menores en el ajedrez

Hay ejercicios muy interesantes y prácticos para dominar el manejo de las piezas menores. Suele empezarse por el mate con los dos alfiles, para pasar a continuación a estudiar el mate con el alfil y el caballo, cuya dificultad la agrava el hecho de que debe realizarse en un número determinado de jugadas.

Las piezas menores ofrecen muchos recursos en posiciones inferiores: por ejemplo, los alfiles de distinto color dan muchas posibilidades de tablas. A veces, el sacrificio de nuestra pieza por el único peón del contrario nos garantiza el empate. Un caso en que esto puede hacerse es la posición de rey contra alfil y peón de torre de diferente color que el alfil, siempre y cuando nuestro rey llegue a tiempo a la casilla del rincón.

finales de piezas menores 1 298x300 Los finales de piezas menores en el ajedrez

Hay jugadores que, pese a lo expuesto, prefieren el caballo al alfil y son más diestros en el manejo del primero, descuidando el del segundo. Esto debe corregirse, pues un manejo adecuado de los alfiles hace del jugador un peligroso enemigo, tanto en el medio juego como en el final. Se considera que ambas piezas equivalen cada una a tres peones, pero esto siempre depende de las características de la posición: posibilidades de ataque al rey, dominio de columnas, etc.